El derrumbe que atrapó a Piñera
Christian Palma
Desde Santiago
El derrumbe al interior de una mina de cobre y que mantiene atrapados a 33 trabajadores desde el jueves 5 de agosto en las cercanías de Copiapó, en el norte de Chile, más allá del dolor de los familiares de las víctimas y de la legítima conmoción que la noticia ha generado a nivel nacional, es también un duro para el gobierno de Sebastián Piñera, que desde antes de la tragedia venía siendo blanco de críticas transversales a su sistema comunicacional. Y si bien la vocería oficial respecto al accidente ha mejorado y la ciudadanía entiende que no se han escatimado esfuerzos para tratar de hacer contacto con los mineros, el desplome del yacimiento traerá -sea cual sea el desenlace- un gran costo a La Moneda.La tragedia sorprendió a Piñera en medio de una gira a Ecuador y Colombia. En un contexto en que la evaluación ciudadana del presidente cayó bajo el 50% en algunas encuestas, el mandatario decidió suspender el viaje de Estado y regresó a Chile. Él y su comitiva llegaron la noche del sábado 7 a la mina San José. Los familiares de los mineros estaban expectantes, sus seres queridos llevaban más de dos días bajo tierra y no había noticias claras respecto a su suerte. Menos, cuando horas antes, un segundo derrumbe obligó a detener las labores de rescate aumentando la angustia en el lugar ubicado en pleno desierto de Atacama, con un sol implacable en la mañana y temperaturas bajo cero en la noche.Esa tarde, el ministro de Minería, Laurence Golborne, tras conocer que el intento para que los socorristas hicieran contacto había fracasado, no pudo contener las lágrimas frente a las cámaras de televisión. Las personas allegadas al lugar, la mayoría hombres recios, acostumbrados a lidiar en estos parajes casi marcianos, lo increparon: “Usted señor ministro debe darnos esperanzas, ser nuestro sustento, no flaquear”, le enrostraron. Ante ello, la primera visita de Piñera al lugar parecía la ocasión perfecta para detallar las tareas de rescate y consolar a las familias; sin embargo, el jefe de Estado sólo se reunió con las autoridades presentes en el lugar y algunos cercanos de los mineros enterrados. Terminada la cita, retornó a Santiago. La molestia fue general.Consciente de ese paso en falso, Piñera volvió al lugar un par de días después. Rompiendo el protocolo, se acercó a las carpas de emergencia montadas en el lugar, y aseguró a la gente que su gobierno trabajará incansablemente hasta encontrar a los mineros con vida, mientras detallaba los avances de las nuevas labores, que incluían la fortificación de la entrada de la mina para que los rescatistas intentarán otra vez regresar y sondajes que pretenden descender a 700 metros donde se presume están los trabajadores en un habitáculo denominado refugio, y que sirve justamente para guarecerse en caso de siniestros.Junto a ello, autoridades del gobierno central y local llegaron a la zona con todo tipo de ayuda como, hospitales de campaña, sicólogos, alimentación, y enseres básicos, trasformando el lugar en una verdadera villa.En otro golpe de timón, Piñera pidió la renuncia al presidente del Servicio Nacional de Minería y Geología (Sernageomin) junto a otros dos hombres fuertes de la repartición. Anunció además su reformulación y la entrega de más recursos a una institución pobre a pesar de que Chile es un país inminentemente minero (las exportaciones de cobre explican más del 30% de los envíos locales) más en el norte donde las faenas a mediana y pequeña escala superan las 4.000.Sin embargo, otra declaración de su ministro de Minería, quien la noche del martes aseguró en Santiago que “las probabilidades de encontrar a los trabajadores con vida eran pocas”, cambió el panorama. Esto porque a pesar que en el mundo minero eso es un secreto a voces, la idea con que se trabaja es justamente la esperanza de hallarlos a todos con vida. Aunque muchos han criticado que otras autoridades sean más realistas y asuman que lo dicho por Golborne es así.“Mientras tengamos una posibilidad, trabajaremos con todas nuestras fuerzas y yo tengo la convicción y la fe que los encontraremos con vida”, dijo al día siguiente Piñera, poniendo el acento en la tesis de la sobrevivencia, mientras Golborne volvía a la mina a calmar los ánimos de los familiares que ardieron en cólera por las versiones encontradas.En todo caso, la tragedia reveló varios aspectos que si bien son conocidos, nunca se habían tocado con propiedad en el sector: la nula o muy baja inversión en seguridad y controles que tiene este tipo de minería, versus los entandares internacionales de prevención con que opera la gran minería. Escenario que puede extrapolarse a otras actividades como la pesca artesanal o la frutícola, por ejemplo, abriendo otra vez el eterno debate entre trabajadores versus empresarios.De hecho, el Sernageomin posee sólo dos fiscalizadores en la región. Entre un control y el siguiente en un yacimiento pueden pasar perfectamente dos años, han revelado mineros de otras faenas similares al colapsado.La responsabilidad de la empresa que hasta ahora no ha asumido ninguna culpa, también ha salpicado al gobierno, pues aunque se hagan todos los esfuerzos para borrar esa imagen- a esta administración la persigue el sino empresarial, dado los negocios de Sebastián Piñera.En una nueva visita a mina San José, el presidente reiteró ayer que como gobierno “hemos hecho y vamos a seguir haciendo lo humanamente posible y no hemos escatimado ningún esfuerzo ni recurso” para intentar rescatar con vida a los mineros atrapados.Otra vez junto a su esposa, Cecilia Morel (que ya había visitado el lugar) el Jefe de Estado detalló que hay siete sondas que avanzan permanentemente para hacer contacto con los mineros, lo que “va a permitir lo más importante, un apoyo moral que les va a traer el contacto, el proveer aire, alimentación, hidratación, comunicación y apoyo”, indicó. Otro punto en el cual Piñera insistió ayer fue en responsabilidades. Con tono enérgico dijo que “vamos a sancionar a todos los responsables. Aquí no va a haber impunidad y las responsabilidades pueden estar en la empresa que administra y explota esta mina, y también pueden estar en organismos públicos que tienen una responsabilidad de fiscalización”.La mina San José, propiedad de la empresa san Esteban opera hace 120 años. Ya antes presentaba anomalías por lo que fue clausurada en 2007 y reabierta en 2008. La Fiscalía de la región está investigando quien dio la orden de ponerla otra vez en funcionamiento. Oficialmente la culpa hasta hoy no es de nadie, no obstante, buena parte de la clase política atacará al gobierno, de no haber resultados positivos en el rescate, pues son ellos los que están administrando el Estado, por más que los errores e irresponsabilidades vinieran de antes. “Si juntamos lo mejor y el mayor esfuerzo posible en materia de rescate y mantenemos la esperanza y la fe en Dios, yo espero, como Presidente de Chile, que podamos lograr este lunes o este martes, tomar contacto con los mineros y terminar esta situación que ha producido tanta angustia y dolor”, terminó diciendo ayer Piñera. Esa misma plegaria elevan los familiares de los 33 mineros atrapados, que por el momento no piensan en culpas o costos políticos, sólo en que las sondas sigan perforando y les digan de una vez si sus padres, esposos o hijos están vivos.
(versión en Página12 http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-151390-2010-08-15.html)
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